Zascas anti-machistas
Argumentario Feminista
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Tu manual de respuestas feministas a comentarios machistas.
(Con palabras que hasta la infancia puede entender)
(Con palabras que hasta la infancia puede entender)
Basta ya de cerrar la boquita...
Acompañar desde el feminismo no es tener siempre la respuesta perfecta.
Pero necesitamos empezar a dar respuestas fundamentadas a esos comentarios que solemos escuchar y que muchas veces no sabemos bien cómo responder, sin ofender, con respeto pero con seguridad.
Aquí recopilamos algunas de las frases más comunes que escuchamos las feministas en conversaciones cotidianas… y respuestas posibles para no perder la calma, las amistades o las ganas de seguir conversando...
Y si quieres formarte en feminismo desde una mirada respetuosa con la infancia y usando la literstura como recurso, no te pierdas nuestra "Escuela Feminista para Acompañantes de la Infancia"
Pero necesitamos empezar a dar respuestas fundamentadas a esos comentarios que solemos escuchar y que muchas veces no sabemos bien cómo responder, sin ofender, con respeto pero con seguridad.
Aquí recopilamos algunas de las frases más comunes que escuchamos las feministas en conversaciones cotidianas… y respuestas posibles para no perder la calma, las amistades o las ganas de seguir conversando...
Y si quieres formarte en feminismo desde una mirada respetuosa con la infancia y usando la literstura como recurso, no te pierdas nuestra "Escuela Feminista para Acompañantes de la Infancia"
Manual de respuestas feministas a comentarios machistas
“El feminismo es odiar a los hombres”
No. Confundes feminismo con misandria.
El feminismo no odia a los hombres: cuestiona un sistema que reparte poder, privilegios y mandatos según el género. Es como cambiar las reglas de un juego que están mal hechas.
Si las normas dicen que las niñas no pueden correr y los niños no pueden llorar, eso no es justo para nadie. Y esas normas no solo oprimen a las mujeres. El patriarcado también daña a los chicos: por eso hay hombres que sufren en silencio y piden menos ayuda cuando la necesitan.
El feminismo no odia a nadie. Hace algo muy simple: mira esas normas injustas y dice: “esto no es justo para nadie, vamos a cambiarlas”.
Si las normas dicen que las niñas no pueden correr y los niños no pueden llorar, eso no es justo para nadie. Y esas normas no solo oprimen a las mujeres. El patriarcado también daña a los chicos: por eso hay hombres que sufren en silencio y piden menos ayuda cuando la necesitan.
El feminismo no odia a nadie. Hace algo muy simple: mira esas normas injustas y dice: “esto no es justo para nadie, vamos a cambiarlas”.
“Ni machismo ni feminismo, yo quiero igualdad”
El machismo es como un juego donde solo una de las partes decide las reglas y dice:
“esto es lo normal, lo demás no cuenta”.
El feminismo es decir:
“oye, el mundo no lo vive una sola persona, hay muchas formas de ser y todas importan”.
Un ejemplo fácil:
en España, las mujeres cobran casi un 20% menos al año.
Si dos personas hacen el mismo trabajo y una cobra menos, eso no es igualdad.
Por eso no son dos extremos.
El machismo quiere mantiener unas reglas del juego injustas.
El feminismo quiere cambiarlo.
Y si tú quieres que todas las personas jueguen en igualdad de condiciones, aunque no te llames así, bienvenida: eso es feminismo.
“Ahora las mujeres tienen más derechos que los hombres”
No.
Igualdad no es tratar igual a quienes parten de lugares distintos.
Los derechos son los mismos.
Lo que existen son ayudas para equilibrar un partido que empezó con el marcador muy desigual.
Es como si una persona empieza una carrera 50 metros más atrás que el resto de participantes.
Si le ayudas a acercarse a la línea de salida, no le estás dando ventaja, solo estás intentando que la carrera sea justa.
Hoy en día, en nuestra sociedad, las mujeres siguen haciendo más trabajo en casa y de cuidados, y tienen más riesgo de pobreza, sobre todo cuando envejecen o crían solas.
Igualdad no es tratar igual a quienes parten de lugares distintos.
Por eso el feminismo lucha para que todas las personas puedan llegar al mismo punto aunque partan de condiciones diferentes, ofreciendo las herramientas necesarias para arreglar esas desigualdades previas.
“La violencia no tiene género”
La violencia la puede ejercer cualquier persona.
Eso es verdad.
Pero la violencia machista no es cualquier violencia.
Tiene una causa concreta: la desigualdad y la idea de control sobre las mujeres por ser mujeres.
Es como una carretera.
Cualquiera puede tener un accidente, sí.
Pero si la mayoría ocurren siempre en la misma curva, no dices “es mala suerte”: señalas que la curva es peligrosa.
En España, más de 6 millones de mujeres han sufrido violencia de género.
Y casi toda la violencia sexual la ejercen hombres contra mujeres y niñas.
Decir “la violencia no tiene género” es quitar la señal de peligro.
Y sin señal, la curva seguirá causando accidentes.
“Las mujeres también pegan a los hombres”
Sí, una mujer puede ejercer violencia pero reconocerlo no contradice el feminismo. El problema no es quién puede pegar, sino qué violencia es un problema estructural.
Es como una pelea puntual en el patio o un acoso constante.
No es lo mismo un empujón aislado que alguien que controla, amenaza y hace vivir con miedo todos los días.
La violencia machista no es un caso suelto:
se repite, dura en el tiempo, busca controlar y ocurre en un contexto donde los hombres, como grupo, han tenido más poder.
Por eso tiene un impacto mucho mayor en la vida, la libertad y la seguridad de las mujeres.
Decir “ellas también pegan” no explica el problema.
Es como hablar de una gota cuando lo que tienes delante es una inundación.
“¿Y qué hay de las denuncias falsas?”
Existen, como en cualquier delito.
Y están penadas por ley.
Pero son mínimas: alrededor del 0,00001%.
Usarlas para negar la violencia machista es como decir que todos los robos son mentira porque una denuncia resultó falsa.
La realidad es que la mayoría de las violencias ni siquiera se denuncian:
por miedo, dependencia económica o falta de protección.
Centrarse en las denuncias falsas no aclara el problema. Lo tapa.
“Ahora hay que firmar un contrato para ligar”
No.
El consentimiento siempre ha existido.
Lo que ha cambiado es que ahora las mujeres hablan más cuando algo les incomoda, cuando sufren acoso o violencia. Y eso es algo bueno.
Piensa en un baile.
Si una persona quiere bailar y la otra no, no se baila.
No hace falta firmar nada para ligar.
Hace falta algo muy básico: que las dos personas quieran, estén cómodas y puedan decir sí o no sin miedo.
El consentimiento no es un contrato.
Es escuchar. Y dejar de insitir cuando la otra persona no quiere.
“Ser ama de casa no es un trabajo”
Sí lo es.
Solo que no está pagado.
Es el trabajo que hace que todo lo demás funcione:
comer, limpiar, cuidar, organizar, sostener.
Es como la electricidad de una casa.
No la ves, pero si se corta, todo se para.
Que no tenga sueldo no significa que no tenga esfuerzo ni valor.
Significa que históricamente se ha dado por hecho.
Hoy, las mujeres hacen la mayor parte de este trabajo:
casi el 76% del trabajo de cuidados en el mundo
y en Europa dedican más de dos horas al día que los hombres.
El feminismo no dice “no lo hagas”.
Dice algo muy simple: que se reconozca, se reparta y se apoye.
Porque sin ese trabajo, no se sostiene la vida.
“Las mujeres saben cuidar mejor por naturaleza”
No es naturaleza.
Es aprendizaje.
Es como decir que los niños nacen sabiendo jugar al fútbol.
No. Juegan más porque les regalan balones y les animan a hacerlo.
A las niñas, en cambio, se les regalan muñecas, cocinitas y juegos de cuidar.
Desde pequeñas reciben el mensaje: “tú cuidas”.
Y cuando algo lo practicas toda la vida, claro que se te da mejor.
Pero cuidar no es biología.
Es una habilidad humana.
Lo que pedimos es simple:
que cuidar no sea una carga para unas,
sino una capacidad que desarrollen todas las personas.
“Los futbolistas hombres cobran más que las futbolistas mujeres porque son mejores.”
No.
Cobran más porque el partido no se juega en el mismo campo.
Es como comparar a dos equipos:
a uno le ponen estadio, focos, publicidad y entrenamientos desde pequeños.
al otro, un descampado y cero cámaras.
Luego dicen: “¿ves? juegan peor”.
No es falta de talento.
Es falta de inversión, visibilidad y oportunidades.
El deporte femenino ha tenido históricamente menos dinero, menos medios y menos continuidad.
Cuando llegan la inversión y el apoyo, el nivel sube. Siempre.
A nivel mundial, en muchos deportes las mujeres cobran un 55% menos o más que los hombres.
Eso no mide capacidad.
Mide quién recibe recursos.
No ganan menos porque sean peores.
Ganan menos porque el sistema apostó menos por ellas.
“Una buena madre puede con todo: trabajo, hijos y casa”
Decirle a una madre que “puede con todo” no es un halago.
Es una forma de explotación normalizada.
Es como felicitar a alguien por trabajar sin descanso, sin sueldo extra y sin ayuda,
y llamar a eso “vocación”.
Cuando la sobrecarga se convierte en virtud moral,
el problema deja de ser del sistema
y pasa a ser de la mujer que ya no puede más.
Nadie puede con todo.
Y pedirle eso a las madres no es amor ni reconocimiento:
es dejarles toda la responsabilidad encima.
“Una mujer casada no debería salir de fiesta con sus amigas”
Una mujer casada no debería dejar que nadie le diga qué puede hacer con su tiempo.
El matrimonio no es una cárcel.
No es un contrato de obediencia.
Y no convierte a nadie en propiedad.
Curioso que solo se cuestione a ellas.
A ellos nadie les pone toque de queda.
Si para estar en pareja tienes que pedir permiso,
no es compromiso.
Es control.
Y el control sobre el cuerpo, el tiempo y la voluntad de las mujeres tiene un nombre:
patriarcado.
“Ya no se puede decir nada, ahora todo es machista”
Claro que se puede decir de todo.
Lo que pasa es que cada vez somos más las que tenemos una mirada crítica y no nos da la gana callarnos ante comentarios que perpetúan la desigualdad.
Eso no es censura.
Es conciencia.
Si un chiste solo funciona cuando siempre se ríen de las mismas,
no es humor.
Es discriminación.
Y que te lo señalen no te quita la libertad de expresión.
Te quita la impunidad.
Y si te incomoda que te respondan,
revísatelo.
“No todos los hombres”
Cuando se habla de machismo no se está señalando a todos los hombres,
se está señalando un sistema que beneficia a unos y limita a otras.
Decir “no todos los hombres” no desmiente el machismo.
Solo cambia el foco para no hablar del problema.
No va de culpas individuales.
Va de responsabilidad colectiva.
Y si no eres uno de esos hombres,
no hace falta aclararlo: se nota en lo que haces.
“Es mi opinión”
Claro, y puedes decirla.
Por suerte tienes libertad de expresión.
Justo la misma libertad que muchas mujeres en el mundo no tienen.
Pero que sea tu opinión no la hace inofensiva.
Pero que sea tu opinión no la hace inofensiva.
Las opiniones también pueden sostener injusticias.
Decir “es mi opinión” no te saca del mundo real.
Las ideas tienen consecuencias.
Si una opinión justifica desigualdad,
no es solo una opinión: es parte del problema.
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